¿Cómo tener un corazón sano?

En esta publicación veremos la forma en que podemos tener y conservar un corazón sano ante Dios. Un corazón sano es indispensable para vivir una vida sobria, llena de paz interior y tranquilidad.

Por ese motivo veremos por medio de la Escritura como tener un corazón sano. Ya que un corazón sano constituye un elemento esencial de un creyente que ha alcanzado la salvación (Hebreos 12:14-15).

Independientemente de que la persona sea o no creyente es necesario tener un corazón sano para poder disfrutar la vida y a quienes amamos.

Una persona con un corazón enfermo carece de paz interior y vive en amargura. Es probable que gaste parte de su tiempo y energía en planear un mal a quien no ama. Hablará mal de los demás, experimentará ira y sentirá envidia por el progreso de quienes no ama. Evidentemente, esto no es disfrutar la vida.

¿Cómo tener un corazón sano según la Biblia?

Ante esto la Biblia dice lo siguiente:

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. Proverbios 4:23

La Escritura nos exhorta a guardar el corazón por encima de todo. Aquí la expresión guardar significa literalmente cuidar. Entonces sobre toda cosa que cuidemos, debemos de cuidar nuestro corazón. Ya que el corazón opera como el centro y fuente de nuestra vida.

La Biblia no dice que cuidemos de forma especial al organo llamado corazón, sino a nuestra alma para ser exactos. Dios quiere que cuidemos nuestra alma, y el correcto cuidado de la misma se manifiesta por medio de un corazón sano.

Cuidar nuestro corazón, implica ser selectivo con los pensamientos, sentimientos para que nuestra voluntad e intelecto no sean contaminados. Así que una persona con un corazón sano tendrá pensamientos, sentimientos, voluntad e intelecto alineados a la voluntad divina.

1. Cuidando nuestros pensamientos y sentimientos.

La Escritura nos exhorta a desechar todo pensamiento que vaya en contra de la voluntad de Dios (Cf. 2 Corintios 10:5), y también nos dice que debemos concentrarnos en pensar en cosas buenas (Filipenses 4:8).

Al cuidar nuestros pensamientos a como lo demanda la Escritura también estamos cuidando nuestras emociones. La Biblia dice que somos lo que pensamos (Proverbios 23:7), y que de la abundancia de nuestro corazón hablaremos (Mateo 12:34).

La mejor forma para conocer si una persona tiene o no un corazón sano, es viendo su comportamiento y escuchando sus palabras. Es cierto que sólo Dios conoce lo que hay en el corazón del hombre (Jeremías 17:10) pero nosotros podemos discernir lo que hay en el por medio de sus frutos (Mateo 7:20).

Dado a que somos lo que pensamos y manifestamos por medio del habla lo que sentimos, es por esa razón que la Biblia nos dice que sobre toda cosa debemos de cuidar nuestro corazón, porque de el mismo se manifiesta nuestra existencia (Proverbios 4:23).

2. Guardarnos del rencor y las malas intenciones.

Otra forma de cuidar nuestro corazón, es evitando que este se contamine por medio de el resentimiento. El resentimiento nace producto de una herida emocional no sanada en donde se le atribuye total culpabilidad al agresor.

Bien, es cierto que el agresor o la persona que nos dijo o hizo algo que nos provocó sufrimiento es culpable de sus acciones.

Pero debemos de comprender que es a nosotros quien nos corresponde decidir si sanar o no emocionalmente. El simple hecho de que alguien nos provoque daño no significa que debemos automáticamente guardarle rencor. Debemos de aprender a perdonar para conservar a nuestro corazón sano.

Y ¿Sabes que es lo peor de todo? Habrán ocasiones en las que esas personas que te provocan daño, no sentirán la más mínima culpa por su proceder. Tampoco esperes que te pidan perdón, porque no lo harán. A pesar de eso hay que perdonar, para que nuestro corazón no se enferme.

En esta vida es algo sumamente inevitable que no te encuentres con alguien que te quiera hacer daño de una u otra manera. Siempre habrán personas con comentarios maliciosos, con deseos de ofendernos, humillarnos y menospreciarnos, pero es a nosotros que nos corresponde perdonar para no enfermar nuestro corazón.

La persona que guarda rencor, llega a considerar que no debe de perdonar al ofensor porque de esa forma está haciendo justicia. Pero no es así, quien carga el veneno del rencor y sus consecuencias es la persona que decide no perdonar y no el ofensor.

El rencor produce en nosotros amargura y una carencia significativa de paz interior. El rencor producirá en nosotros malas intenciones y deseos maliciosos para tratar de vengarnos de nuestro ofensor.

Con respecto a esto la Escritura aconseja lo siguiente:

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Romanos 12:17-19

No es la voluntad de Dios que vivamos con rencor y tengamos malas intenciones hacia los demás. La forma más efectiva para guardarnos del rencor y las malas intenciones es el perdón.

El perdón produce un efecto liberador que nos permite tener un corazón sano. En relación a esto la Escritura dice lo siguiente:

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; Hebreos 12:14-15

Aquí podemos notar que Dios no quiere que guardemos rencor. Una persona rencorosa no podrá alcanzar la salvación, menos ver al Señor frente a frente.

Por acá te dejo una serie de pasos para perdonar correctamente, de acuerdo a la enseñanza bíblica.

  1. Tomar la decisión de perdonar. (Mateo 6:14-15; 18:21-22).
  2. Confesar ante Dios nuestra falta de perdón y que nos perdone por tenerla (Salmos 51:4).
  3. Renunciar por nuestra cuenta al rencor (2 Corintios 10:5; 1 Pedro 5:7).
  4. Pedir al Señor que nos inunde de su amor para amar (Cf. Proverbios 10:22).

3. Alinear nuestra vida a la voluntad divina.

Otro elemtno que enferma nuestro corazón, es cuando nuestea conducta no está alineada a la voluntad de Dios. El primer elemento nos afecta nivel psicológico, el segundo a nivel emocional y este último a nivel espiritual.

Lo cierto es que como personas creadas a imagen y semejanza de Dios poseemos un espíritu humano, y según nuestra condición espiritual nuestro corazón o alma se vera afectada.

Hay cualidades que pueden dominarnos, y esa cualidad se convierte en el atributo que diferencia nuestro carácter. Por lo general somos dominados por cualidades contrarias a la voluntad de Dios.

Por ejemplo si permitimos que el orgullo nos domine dice la Biblia que tenemos un espíritu altivo (Proverbios 16:18). Según a la calidad de las influencias que estamos rodeados podemos tener un espíritu perverso (Isaías 19:14), precipitado (Proverbios 14:29), contrito y humillado (Isaías 57:15; Mateo 5:3).

Nuestro espíritu puede estar bajo el espíritu de servidumbre (Romanos 8:15) o el espíritu de celo (Números 5:14).

Lo cierto es que no podemos permitir que nuestro espíritu humano sea pervetido para así tener un corazón sano ante Dios. Una relación espiritual con Dios nos garantizará tener un espíritu correcto.

Una vez que nuestro espíritu humano es habitado por el Espíritu Santo de Dios (Romanos 8:16), se convierte en un centro de adoración (Juan 4:23-25), de exaltación, alabanza, bendición (1 Corintios 14:15) y servicio (Romanos 1:9; Filipenses 1:27).

De esta forma nuestro corazón estará inclinado a obrar la voluntad de Dios por la obra del Espíritu Santo en nuestra vida (Cf. Gálatas 5:22-23). Cuando no tenemos un comunión con Dios, somos esclavos del pecado (Juan 8:31-32) y dicha esclavitud nos direcciona a hacer lo malo (Romanos 7:22-23).

La esclavitud al pecado nos inhibe de un corazón sano. Dado a que dicha esclavitud al pecado contamina nuestro corazón, Jesús lo expreso de la siguiente manera:

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.
Mateo 15:19

Conclusión final:

Para poder tener un corazón sano, primero debemos de identificar los elementos que lo enferman a fin de evitar que los mismos lo contaminen.

En esta publicación por medio la enseñanza bíblica pudimos apreciar al menos 3 elementos que afectan en gran manera la integridad de nuestro corazón.

Tales elementos son los siguientes:

  1. La calidad de nuestros pensamientos.
  2. El rencor y las malas intenciones.
  3. El pecado.

En las secciones anteriores de texto te hablé sobre cada una ellas. De que forman las misma afectan a nuestro corazón, y como superar cada dificultad para tener un corazón sano.

En esta publicación te he mostrado una especie de guía para tener un corazón sano. Espero que la misma te sea de bendición. ¡Te animo a dejar un comentario quiero saber que opinas al respecto! ¡Te estaré leyendo y respondiendo! Dios te bendiga. 🙏🙏🙏

Puedes aacceder a mi publicación anterior AQUÍ: ¿Cómo perdonar según la Biblia?

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